Imagínate que te sucede esta situación:
Entras en un supermercado y el de seguridad te mira mal, y se producen sucesivamente hechos que tu crees relacionados:
– le ves que dice algo al micrófono mientras se aprieta con la mano el auricular de la oreja.
– las cajeras se dan la vuelta para mirarte
– sale el jefe de la oficina rápidamente
– notas que el personal observa todos tus movimientos
– en cada pasillo encuentras un dependiente esperándote y todos te siguen descaradamente
– todos te miran, nadie te dirige la palabra, todos te vigilan
– los clientes que te encuentras cambian su recorrido para evitarte

Ahora puedes entender porque una chica drogadicta que entro en el establecimiento decidió sentarse en el suelo. Miedo, angustia, soledad, sentimiento de ser un despojo. Unido a que esta drogada llevan su autoestima a mínimos indeseables para cualquiera. Sólo necesita que le traten como una persona «que quieres? En que te puedo ayudar? Si estas cansada puedo acompañarte a un banco… Son palabras que hacen que vuelva a este mundo y se sienta un ser humano. Piénsalo.

Ojo, mientras tanto puede que una persona de buena apariencia este pasando por caja unos chicles y comente «que vergüenza, esta pasadísima. A saber lo que puede hacer» y mientras arrastra una maleta metálica que a pantalla las alarmas y dentro se lleva sin pagar las 8 botellas más caras de alta graduación. Las apariencias engañan